Casa Mar-Esp: una historia familiar para emprender | Red Emprendedor

Casa Mar-Esp: una historia familiar para emprender

 

La historia familiar y la preocupación por mejorar las opciones en la alimentación de ellas mismas y sus compañeros de trabajo, llevaron a Concepción Villalobos y Laura Nigenda por el camino del emprendimiento artesanal y consciente.

Como primas hermanas, crecieron en torno a una mesa llena de alimentos deliciosos, que reunían a sus familias y alimentaban el estómago y el corazón. Quién pensaría que años después, ya adultas, con empleos estables y familias conformadas, retomarían el gusto por la cocina heredado de sus madres, para darle un sentido diferente a las necesidades de alimentación de quienes trabajan en una oficina.

Iniciaron preparando ensaladas frescas, ante las opciones tradicionales de comida rápida a las que podían acceder cercanas a sus centros de trabajo. Estas fueron un éxito no por sus combinaciones de vegetales, sino por los aderezos que las bañaban.

Aunque dejaron de lado esta actividad por un tiempo, los consumidores de ensaladas les hacían pedidos del aderezo, encendiendo la maquinaria de lo que se ha convertido en Casa Mar-Esp, un proyecto de aderezos, mermeladas y salsas artesanales, confeccionadas con productos orgánicos y locales, sin conservadores ni químicos añadidos.

Así, Concepción Villalobos, administradora turística de profesión y con 51 años, y su prima Laura Nigenda, socióloga y de 60 años decidieron andar el camino del emprendimiento con todos sus retos, para poner en la mesa de los oaxaqueños un producto de calidad, que se caracteriza en toda su producción por la economía solidaria.

Las primeras ventas eran en los círculos de su oficina, su familia y sus amistades, perose pusieron un primer reto: hacer ocho aderezos y colocarlos en una semana. Con el primer paso dado en 2012, comenzaron a pensar en otros lugares para comercializar su producto, lo que las llevó a tomar la primera decisión, dónde querían ofrecer su producto y, por las características de sus preparaciones, decidieron contactar a grupos de economía solidaria.

Más que buscar grandes ventas, comulgando con la idea de mejorar la alimentación y por ende elaborar los aderezos con productos frescos, naturales y locales, el proyecto se caracteriza desde su preparación hasta su venta, por ser una cadena de elementos con conciencia social.

La madurez y la experiencia de estas dos mujeres, profesionistas, madres de familia, no llevó al emprendimiento por el lado de la comercialización masiva, sino por crear un producto sabroso, nutritivo, fresco, sin químicos y que además, sus insumos fueran originarios y su propia venta fuera local. Sin intereses más allá de la calidad y coadyuvar con la economía local, Casa Mar-Esp se está posicionando en el gusto de las personas que conocen sus productos, ya que después de probarlos, los buscan recurrente e inevitablemente.

Decididas, Concepción Villalobos y Laura Nigenda comenzaron a aprender de la naturaleza propia de los ingredientes con los que trabajarían y en general, las formas en que iban a ofrecer y vender los aderezos. Encontrando gente interesante en los espacios donde ofrecían su producto, y humildes en aprender de otros emprendedores, toman los consejos de quienes como ellas, tienen un producto y lo colocan en espacios comunitarios.

Por sus experiencias de vida, tanto en el ámbito laboral como personal, son dos emprendedoras mucho más ecuánimes, que abogan sí por el esfuerzo y la disciplina, pero sobre todo por el goce y disfrute de poner en marcha el emprendimiento que tenga cada quien: “cuando una gente inicia un proyecto porque está joven, lo estás emprendiendo porque en tu mente está que vas a hacer un patrimonio, pero hay una edad que cuando empiezas un proyecto, o lo que emprendas, es porque te va a dar gozo, bienestar, la vas a pasar bien, porque aprendes, porque es congruente con como eres, si no, no tiene caso”, dice Concepción.

“Hay momentos en los que sí explotas, porque cuesta trabajo y porque lo tomas en serio”, asegura Laura, “pero la fórmula principal es que la pases bien, tanto en los jóvenes, como a cualquier edad. Si lo que tú haces no lo estás disfrutando, entonces te estás construyendo una cárcel para obtener unos pesos, y no vale ningún peso a costa de tu sufrimiento”, concuerdan las emprendedoras.

La edad a la que emprendieron estas mujeres no es una casualidad, gracias a ella y a sus vivencias se originó Casa Mar-Esp -la contracción de los nombres de unas hermanas dedicadas a alimentar en todos los sentidos a su familia, Martha y Esperanza-, un proyecto que, congruente con las enseñanzas del hogar, buscan beneficiar a la sociedad desde las mesas y hacia el corazón.